jueves, 21 de junio de 2012

(…) El pliegue de la voluntad.

“Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empiezade polvo y tiempo y sueño y agonías?”
(“Ajedrez” J.L Borges).

I

Si se toma en cuenta que el tiempo es relativo.
También es arbitrario.
Los segundos.
Cada uno de ellos.
Carga lo contingente y determinado.
Cada uno de ellos es la carga de un cronotopo.
Lugar donde se juegan los dados.
Lugar donde se puede actuar o menguar.

De ellos tiende la cadencia sumatoria.
De uno tiende la decisión.
De uno tiende posibilitar.
La apertura a una mostración.
Crear o no.
De abrir un pliegue.
De hacer y deshacer.
De producir un acontecimiento.

De ellos tiende el instante.
En uno el hacer emerger.
En uno el escuchar las voces áfonas.
Leer el sesgo.
Ese que furtivo solo se escapa para mostrar.
Manifiesto en acto.
Eso que al convocar algo dice.
En uno está tomar o no partida.
De apostar sobre una quiniela siempre fortuita.
En uno está el no arrepentirse.
De asumir lo fluctuante y nebuloso de lo ambiguo.
El semblante de lo equívoco.
De la permutación nuestra disposición más variable.
Y hacer de ello no una fe sino algo verosímil.

II

Todo me ha sido dado para la obra.
Y cuando digo todo pienso en abatimiento.
En la humillación, desprecio, enfermedades y fracaso.
En el amor, perdida y repetición.
Hacer de un golpe letal la caricia más benévola.
Todo es como una arcilla para la obra.
Todo es materia prima de la mismísima carrona de la vida.
Hasta erigir un monumento a nuestro esculpir.
Una figura maleable que se reconstruye para ser destruida.
Todo es una paradoja hambrienta de un tal vez.
Solo se nace para morir y resucitar a cada tanto.
Para reengendrar nuestro propio y único lapso de tempus.

Pero creerlo como surco indeleble en cuerpo y alma.
Por más escarificadoras que sean las manecillas del tiempo.
En nosotros está el ser unos mártires del destino.
O unos bufones del mismo.
Hacer del tiempo único y nuestro.
Prostituirlo y pagarle con llanto y risa benévola.
Y siguiendo esto.
Mirar con detención.
Mirar cómo del fuego y las cenizas se aviva vuestro fuero interno.
Mirar que del abismo del tiempo finito se puede volver inquebrantable.
Y poco a poco mirar la sombra que aparece en tu espalda.
Mirar ese momento en el que se van abriendo nuestras alas.

III

Dejar de rendirle pleitesía a Dioses que subyugan.
Domesticar a Khronos, Aión y Kairós.
Hacerlos nuestros furcios y cortesanos.
Degenerar su visión de dominio.
Someter a la procastinación meretriz.
Volvernos unos dimiurgos blasfemos e irreverentes.
Demiurgos de nuestra propia procesión.
Demiurgos de la vasija alrededor del inefable vacio de vivir.
En el vórtice de la existencia.
Reunir al séquito de interlocutores y acompañantes de camino.
Y hacer de nuestro calvario pagano una verbena dionisiaca.

IV

Mi tiempo es este.
El “Carpe Diem”.
Mi amor es este.
El “Amor Fati”.
No hay más.
Solo nos queda esta voluntad.

V
Si mis cálculos no fallan.
Un día contiene 86400 segundos.
Una semana 604800 segundos.
Un mes 2592000 segundos.
Un año 31536000 segundos.
Para una vida promedio de 70 años son 2207520000 segundos.
¿Quieres seguir perdiendo el tiempo en sandeces?
¿Quieres ser el soberano del destierro o seguir siendo la victima desterrada?
Tus Dioses están intactos y el reloj de arena no para de correr.

VI

“Alea Jacta Est”

I.


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